miércoles, 11 de marzo de 2026

Miércoles del Retail y Frente a la guerra : Educación en el dolor y el peligro.

 Cordial saludo

Bienvenidos 

Miércoles del Retail y Frente a la guerra : Educación en el dolor y el peligro. 


Para mi, cada hora del día y la noche es un milagro inexpresable.
Walt Whitman

Modelo de “hard discount” se consolida en Colombia: grandes cadenas superarían las 4.700 tiendas en el país este 2026

De las tres cadenas de este formato que forman parte de dicho sector en el país, Ísimo, la cadena más joven del país, espera crecer entre 80 y 100 tiendas, además de aumentar su facturación en un 50%.

Por Karen Flores B. 


El modelo de hard discount ha transformado el ecosistema del retail en Colombia desde su llegada en 2009, impulsado por una propuesta de bajos precios que ha ganado participación frente a tiendas de barrio y supermercados tradicionales.

Aunque hace una década este fenómeno parecía concentrado en Europa -con cadenas como Lidl y Aldi-, su expansión se aceleró en América Latina en los últimos años.

Según el informe “El avance del hard discount: evolución y perspectivas para 2030” de Deloitte, el crecimiento de estas tiendas entre 2022 y 2025 estuvo impulsado por la inflación y la presión sobre el gasto de los hogares. El estudio proyecta que hacia 2030 este formato podría captar entre 15% y 40% del mercado en países de la región.

En Colombia, la tendencia comenzó hace 16 años con la apertura de Tiendas D1 en Medellín. Posteriormente se sumaron Tiendas Ara e Ísimo, que han ampliado su presencia para competir con supermercados como Grupo Éxito y Alkosto.

Según Ignacio Gómez, director estratégico de la Asociación Colombiana de Retail (ACR), en 2025 este formato tuvo un crecimiento estimado en ventas entre un 8% y 12%, junto a una expansión anual de entre 200 y 350 tiendas.

En este contexto, se espera que las tres principales cadenas superen las 4.700 tiendas en el país este 2026, con nuevos planes de expansión en ciudades y municipios.

“La expansión de los últimos años ha sido incluso mayor a este nivel. Algunas marcas -como D1- ya están llegando a un nivel de madurez, pero Ísimo y Ara aún tienen mucho camino por recorrer”, dijo Andrés Escobar, gerente general de Ísimo, en una entrevista con DFSUD.

Los planes

Para 2026, Ísimo, la cadena de tiendas hard discount más joven del país -fundada en 2022 por el Grupo Olímpia-, proyecta crecer entre 80 y 100 tiendas, y aumentar su facturación en un 50%.

Según Escobar, durante 2025, la firma se enfocó en consolidar su presencia y ordenar procesos internos. Por eso, el año pasado su expansión se limitó a 50 nuevas tiendas y ventas por US$ 190 millones.

En paralelo, Tiendas Ara no ha revelado sus cifras de crecimiento de cara a este año, aunque en medios locales la compañía informó que sumó 225 tiendas en 2025 y que aún ven espacio para crecer en metros cuadrados. La cadena cuenta con más de 1.650 locales activos en 370 municipios de Colombia y registró un aumento de 8,5% en ventas el año pasado.

Por su parte, Tiendas D1, pionera en el formato, se mantuvo como el mayor operador, con 2.745 tiendas en 550 municipios, lo que equivale a cerca del 50% de las 1.103 municipalidades del país, según medios locales.

En paralelo, la expansión del comercio de proximidad también ha sumado nuevos actores como Oxxo, del grupo Femsa, que alcanzó 600 tiendas en Colombia a marzo de 2025, su tercer mayor mercado después de México y Brasil. Escobar afirmó que, si bien es un actor relevante, no compite directamente en la canasta familiar propia del hard discount.

En esa línea, Gómez explicó que la competencia responde a distintas misiones de compra. “Mientras el hard discount concentra el abastecimiento semanal o quincenal del hogar, el formato de conveniencia captura compras inmediatas y consumo impulsivo. Son modelos que coexisten, aunque pueden tensionar categorías de alta rotación en zonas urbanas densas”, señaló.

¿Qué distingue al modelo?

El hard discount combina precios bajos con un surtido acotado. Mientras los supermercados tradicionales ofrecen entre 10.000 y 20.000 productos, estas tiendas operan con entre 700 y 1.200 referencias, lo que les permite reducir costos operacionales.

A ello se suma el peso de las marcas propias, uno de los principales motores de su expansión. Según Escobar, la diferencia de precios entre un producto vendido por las marcas de hard discount y otro por una cadena de supermercados tradicional puede alcanzar un 40%, dependiendo de la categoría del producto.

Pese a su crecimiento, el formato enfrenta desafíos. Gómez, señaló que estos se concentran en la productividad por tienda, la eficiencia logística y la evolución de las marcas propias hacia productos de mayor valor agregado.

“La presión inmobiliaria, los costos laborales y la posible saturación urbana obligarán a una gestión más sofisticada. El siguiente ciclo de crecimiento será menos geográfico y más operacional”, agregó.


Solo 15% de los consumidores conoce los esfuerzos de sostenibilidad de las marcas

Estudio de Kantar evidencia que, sin coherencia y constancia, la sostenibilidad no vende, apenas se percibe.

Mientras la sostenibilidad comparte espacio con presiones económicas, tensiones sociales y prioridades cambiantes, las marcas enfrentan un reto de fondo, construir credibilidad en el largo plazo sin depender de acciones tácticas aisladas. De acuerdo con el informe Building Effective Sustainable Marketing in 2026 de Kantar, en promedio solo el 15% de las personas a nivel global afirma conocer en profundidad los esfuerzos de sostenibilidad de las marcas, lo que evidencia una brecha crítica entre lo que las compañías hacen y lo que realmente logra instalarse en la mente del consumidor.

El hallazgo es contundente, retroceder en sostenibilidad no es una opción estratégica. Según datos de Kantar BrandZ, la contribución potencial de la sostenibilidad al valor de las 100 marcas más valiosas del mundo podría alcanzar US$2,7 trillones hacia 2040, siempre que las compañías gestionen este territorio con claridad y coherencia.

Sin embargo, el error frecuente radica en asumir que una innovación puntual como un empaque reciclable o una campaña ambiental, generará un impacto inmediato en ventas. La evidencia muestra que la construcción de equity sostenible exige consistencia en el tiempo, integración en los 4Ps (producto, precio, punto de venta y promoción) y, sobre todo, experiencia tangible para el consumidor.

“La sostenibilidad no es una activación ni un claim publicitario, es un proceso que debe interiorizarse en el negocio y traducirse en comportamientos reales que el consumidor pueda experimentar. Cuando se gestiona como táctica, se diluye; cuando se integra en la propuesta de valor, construye marca”, afirma Nathalia Rincón Castillo, Senior Marketing Executive del cluster andino en Kantar.

La brecha entre intención y acción

El reporte Sustainable Marketing 2030 evidencia que el 47% de las personas afirma estar cambiando activamente su comportamiento frente al clima, pero persiste una brecha significativa entre intención y acción.

Al mismo tiempo, el 82% considera que las empresas tienen responsabilidad directa en la solución de problemáticas ambientales.

Esto implica que el consumidor sí valora la sostenibilidad, pero exige coherencia, transparencia y resultados medibles. De hecho, el 35% de los líderes de marketing reconoce que la falta de métricas robustas y transparentes es una de las principales barreras para avanzar.

Contar lo que se hace, con autenticidad y coherencia

El estudio señala que las marcas que incorporan contenido ambiental o social en su comunicación publicitaria logran mayores niveles de Meaningfulness (+6 puntos percentil) y Diferenciación (+12 puntos percentil).

Pero la comunicación solo representa el 25% de las percepciones que construyen marca; el 75% restante proviene de la experiencia integral a lo largo del journey.

Para Kantar, el camino efectivo hacia 2026 se resume en cinco principios:
  1. No retroceder en ambición.
  2. Construir diferenciación significativa.
  3. Priorizar los temas críticos del sector antes de expandir el discurso.
  4. Diseñar inclusión desde el inicio.
  5. Convertir los compromisos en comportamientos visibles y recompensables.

“La sostenibilidad no acelera ventas por disposición. Es la acumulación de pruebas, consistencia y experiencia la que permite que el consumidor asocie la marca con una gestión responsable. Solo así se traduce en preferencia y crecimiento sostenible”, concluye Rincón.

Hoy, cuando la desconfianza frente al greenwashing es mayor y la exigencia de pruebas concretas es más alta, la sostenibilidad ya no funciona como un atributo aspiracional, sino como un activo estratégico que se construye día a día.

Reporte completo aquí.

Acerca de Kantar

Kantar es la compañía líder mundial en datos y analítica de marketing nativa en IA, y un socio estratégico indispensable para las principales empresas del mundo. Combinamos los datos actitudinales y comportamentales más relevantes con una profunda experiencia y analítica avanzada para comprender cómo piensan y actúan las personas. Ayudamos a nuestros clientes a entender qué ha sucedido y por qué, así como a diseñar las estrategias de marketing que darán forma a su futuro.

Metodología

Edición 2026 del Kantar Sustainability Sector Index. Encuesta realizada a 13.000 personas en 12 mercados durante noviembre de 2025, con ponderación equitativa entre las tres regiones cubiertas: Américas, MEA (Medio Oriente y África) y Europa.

Acerca del Consumer Sustainability Pressure Index de Kantar

El CSPI combina tres señales de percepción del consumidor: Alcance de la preocupación (Reach of concern): cuántas personas asocian al menos un problema de sostenibilidad con el sector. Amplitud de la preocupación (Breadth of concern): cuántos problemas distintos de sostenibilidad mencionan los consumidores para ese sector. Severidad de la preocupación (Severity of concern): qué tan fuerte es la asociación con el problema más mencionado. El resultado es una medición equilibrada que refleja tanto la escala como la intensidad de las preocupaciones en sostenibilidad vinculadas a cada sector.

 Frente a la guerra: educación en el dolor y el peligro

En un contexto como el que vivimos actualmente,.


Andrés García Barrios propone la educación ética como un proceso de deshielo que nos ayude, para empezar, a volver a sentir.

Opinión | Frente a la guerra: educación en el dolor y el peligro

Ya en los albores del milenio, un hombre sabio me decía que, en México, a pesar de la aparente situación de paz, vivíamos en una atmósfera cotidiana de guerra. Todos lo sentíamos; no lo queríamos admitir de forma abierta; no, al menos, como para actuar en consecuencia. Lo cierto es que desde entonces podíamos haber emprendido una seria campaña de educación ética ante la violencia, tanto la del entorno como la nuestra, propia. Pero hacerlo habría significado aceptar que estábamos involucrados de forma íntima en esos conflictos (cosa que nuestra conciencia, casi siempre, se empeña, hasta el último, en evadir), y que no eran las guerras de otros, distantes.

Hoy es cada vez más difícil negar, no solo que los enfrentamientos cercanos nos envuelven, sino que incluso estamos vinculados con los de otros continentes.

¿Seguiremos soñando que son las guerras de otros? ¿Persistiremos en acumular tensión, sin atrevernos a expresar y, por lo mismo, sin poder hacer nada con ella? Parece el sueño de un dormir anestesiado: este esperar a ver si de verdad caen bombas, para admitir lo que sentimos y pensamos, y actuar conforme sea posible.

Despiertos, o mejor dicho, medio sonámbulos, nuestro sentimiento es un no-sentimiento, un estado de pasmo y de frialdad casi corporal, que un experto diagnosticaría como depresión.

Hablo de educación ética, en un contexto como este, porque quiero proponer como un proceso de deshielo que nos ayude, para empezar, a volver a sentir. Los sentimientos —y los pensamientos—  fluyen de forma regular sólo cuando encuentran un cauce, ese que el pasmo les oculta. Pero está ahí: no es otro que la ética, disponible para todos, dentro de todos, aunque sea en embrión. La ética no es una convicción intelectual que se abre camino con un propósito, ni una serie de preceptos que provienen del exterior y que estamos obligados a cumplir: es una relación íntima entre nosotros y el mundo, un acoplamiento, una especie de abrazo que nos  reúne con la fuente de sentido. Gracias a la ética, lo que está confundido  se aclara y avanza, nuestra humanidad se expande integrándose —e integrando en sí misma— la realidad. Sin ética, el mundo aprieta (y pesa) porque no cabe dentro ni cabemos en él.

El canal de la ética es una red de ideas clave, de nociones intuitivas: conceptos de discurso infinito —los llamados valores— que mueven nuestra acción, entendiendo ésta no sólo como conducta consciente, sino también como razonamiento motivador, habla, escritura, arte y ciencia. La ética articula nuestro sentir, nuestro pensar y nuestro actuar con el lenguaje del mundo.

En la ética se da una conjunción semejante a la que ocurre cuando abrimos una puerta, y entonces mano, manija, fuerza, cuerpo, empuje, puerta, espacio, todo se concentra en un solo hecho interior/exterior, con la particularidad  de que la ética articula todas las dimensiones de la intención y la acción humanas.

*

¿Ocurrirá lo mismo en la guerra, frente al dolor y al peligro? Ni yo ni nadie estamos seguros de cómo reaccionaríamos si en un momento dado nos alcanzara esa violencia, pero sí podemos hablar de educación, es porque, seguramente, no estaríamos obligados a responder con impulsos descontrolados, sin consideración alguna. En momentos como esos, nuestros sentimientos y pensamientos abrevarán de la experiencia, ciertamente, y, por eso, de recurrir a una norma ética, será a aquella que esté más arraigada en nosotros, en lo que somos, en lo que hasta ese momento hayamos logrado llegar a ser. Y eso es mucho. Los seres humanos no estamos supeditados al impulso: somos capaces de cultivar valores, transmitirlos de generación en generación e integrarlos en nuestra experiencia, en el entendido de que mientras más hondo calen, más ricas y variadas, ágiles y flexibles serán nuestras respuestas.

Hace años tuve un par de experiencias que me permiten confiar en lo que digo; cosas que me enfrentaron, si no a un temor de guerra, sí a un riesgo considerable. Una fue el encuentro súbito, en la calle, con un hombre del tamaño de un ropero, con uniforme militar y los ojos inyectados por la droga, quien, llegándome por la espalda, me tiró del pelo, y a quien, tras una primera reacción torpe y descontrolada de mi parte, pude finalmente neutralizar, gracias tanto a un deseo auténtico de proteger mi vida, como al cultivo previo de ideas y sentires sobre cuál sería la mejor forma de reaccionar en una situación semejante. Lo mismo puedo decir de la segunda anécdota, mucho más difícil y prolongada (un secuestro de los llamados express, que duró cuatro horas), del cual salí triunfante, es decir, sobreviviente.

*

¿Qué valores podemos cultivar que, en una situación como la que atraviesa el mundo, nos permitan contribuir a la paz, es decir, recuperar la emoción, la razón, la acción y el habla, de manera armónica? Para responder, hagamos un recuento de algunas de las virtudes que han sobresalido en las filosofías a lo largo de los siglos. Ellas nos darán una pauta para empezar a contestar, e incluso, espero, una guía de diálogo para los docentes interesados en compartir el tema en el aula (pido una disculpa si, por motivos de espacio, mis siguientes comentarios son solo una aproximación al tema y una invitación al lector a entrar, por sí mismo, en más detalles).

Empezaré por el que, para mí y para muchos, es el valor supremo: el amor (ya lo dijo Bad Bunny: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”). A este, por ser un valor trascendente, no se le puede describir; sin embargo, se le pueden atribuir algunos valores humanos, adheridos. Empiezo por el que considero el primero en la fila.  

Comunicación. Los valores son bienes personales/sociales; conductos que nos unen a nuestra fuente de sentido y que se trasmiten y consolidan en la comunicación (cuando esa transmisión de valores es intencional, se llama educación).

Hablando del dolor y el peligro, la filósofa Hannah Arendt decía a su amigo, el también filósofo Karl Jaspers (casado, por cierto, con una mujer judía en pleno nazismo): “Usted apostaría a la comunicación aun en condiciones de diluvio”.

La comunicación está adherida a  otro valor que, desafortunadamente, se ha convertido en una palabra tibia: la cortesía. Esta, cuando se halla consolidada como virtud, se hace presente incluso en condiciones de dolor y peligro. En realidad, no es otra cosa que hacer saber a las y los demás que estamos atentos a ellos. Jorge Luis Borges le da tanta importancia que llega al extremo de afirmar (y no de broma): “En una discusión, es una descortesía tener razón”.

La comunicación también se adhiere al reconocimiento, que es la valoración explícita —o implícita en el diálogo— del esfuerzo del otro. Algunas posturas teóricas intentan desunir a la persona de sus logros, pero eso no es posible: cuando los logros son prolongación de la virtud, reconocerlos es humildad y gratitud, dos formas mas de contemplar, a la vez, lo humano y nuestra fuente de sentido (al escribir esto, comprendo mejor lo que una vez le dije, de forma muy intuitiva, a un amigo ateo, gran psicoanalista: “Si no crees en Dios, ¿cómo vas a darte cuenta de todo el bien que has hecho?”).

Finalmente, también adherida a la comunicación, está la compasión, virtud que nos ayuda a reconocer e integrar al diálogo, la dificultad del otro para amar y comunicarse (dificultad siempre presente en todas las personas).

*

Otros cuatro atributos del amor son los que describe el psicoanalista Erich Fromm en El arte de amar (Fromm, otro alemán judío, llegó a México huyendo de la guerra): responsabilidad, conocimiento, respeto y cuidado. Me referiré aquí solo a los dos primeros, interpretándolos en una versión muy personal.

Responsabilidad: también está adherida a la comunicación, al dar valor a las palabras como actos: respondemos por ellos, reconocemos que siempre actuamos —y nos comunicamos— bajo presión, pero con libertad. Somos responsables de lo que decimos y hacemos.

Conocimiento: nos mantenemos alerta a lo que está ocurriendo y a lo que puede ocurrir, tanto alrededor como en nosotros mismos. Algunos ven el conocimiento como nuestro punto de partida. Pero esto es peligroso. El conocimiento se adhiere siempre a otros valores para no ser confundido ni con la verdad ni con la opinión. El conocimiento da una explicación coherente de la realidad visible. Busca la verdad, pero la acepta como inalcanzable. Por su parte, la opinión no logra ver los hechos desde la distancia. Es tan irrebatible como irrelevante. El conocimiento, por el contrario, es relevante porque puede rebatírsele. Es ético, deja fluir el sentir y el pensar, ayuda a crecer.

El conocimiento está unido a la responsabilidad en el sentido de no propagar el temor infundado ni el falso rumor. Todo análisis del conflicto debe contribuir a la paz. Aun cuando el escándalo nos abrume, aun cuando el ruido nos inunde, la paz debe abrirse paso entre la batalla, alerta, moviéndose sobre los escombros y los retenes, apostando al amor y al entendimiento, para llegar al centro mismo del corazón contrariado.

Vayamos, finalmente, con los clásicos. Aristóteles, en su Ética, describió aquellos valores que nos acercan al bien supremo, la eudaimonia, un tipo de felicidad que está presente incluso ante el dolor y peligro. Encontró cuatro: prudencia, justicia, valentía y templanza. De ellos, me atreveré, de forma temeraria, a dar aquí mi propia versión, adecuada al tema.

La prudencia no busca el peligro ni el dolor, ni los enfrenta de una forma que haga que aumenten.

La Justicia no evita el peligro ni el dolor cuando, al hacerlo, se causa daño a inocentes.

La valentía siempre escapa del peligro y el dolor, mientras, al hacerlo, no se sea injusto ni se caiga en otro peligro igual o mayor.

La templanza se permite disfrutar de todo aquello que está a su alcance, incluso en situación de peligro y dolor, mientras no descuide los otros valores.

Me faltaría hablar sobre otras virtudes: perseverancia, confianza, paciencia, muchas más, incluyendo algunas conocidas como espirituales, de nombres raros, unos ya “desatanizados” en el contexto académico, por grandes filósofos como Byung-Chul Han (la esperanza) o Jacques Derrida (la fe), y  otros todavía impronunciables, aunque también han sido descritos por importantes maestros: piedad (Zambrano), caridad y misericordia (Pagliai).

En fin, se podría prolongar la lista, como digo, pero prefiero terminar aquí.

Recordar: 

El hombre es un pedazo del universo hecho vida. Emerson 

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Jaime Pérez Posada 

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