miércoles, 23 de septiembre de 2026

Miércoles del Retail y Cosmos y caos: los grandes Maestros...

 Miércoles del Retail  y  Cosmos y caos: los grandes maestros...


La vida no es una " velita ''. Es una espléndida antorcha , que deseo hacer arder tan brillantemente como sea posible, antes de pasarla a las generaciones futuras.
GB Shaw.

¿Cuánto cuesta manipular una caja una vez más en el retail?

Igomeze

Parece una pregunta menor. En muchas operaciones, esa caja llega al centro de distribución, se recibe, se almacena, se abre, se fracciona, se alista, se carga, se descarga en la tienda, se repone y finalmente se exhibe.

Cada toque parece pequeño. Pero cuando se repite miles de veces, todos los días y en cientos de tiendas, deja de ser pequeño: se convierte en costo, tiempo, espacio y riesgo de error.

El hard discount entendió muy pronto que la eficiencia no se construye solo negociando mejor el precio de compra. Se construye evitando que el producto sea manipulado innecesariamente.

Por eso la caja cerrada y lista para exhibir tiene tanto valor. La caja no es solamente empaque; debe proteger el producto, facilitar el transporte, llegar a la tienda y convertirse en exhibición con el menor trabajo posible. Una caja mal diseñada obliga a abrir, organizar, desempacar, botar material, contar unidades y volver a exhibir. 

En ese momento, la tienda termina pagando con mano de obra lo que creyó haber ahorrado en la negociación.

 Dos toques no es una consigna logística. Es una decisión comercial y financiera. La pregunta para el retailer y para el fabricante es sencilla: ¿su empaque ayuda a vender o está agregando trabajo a cada tienda?

 

Para entender el Hard discount, hay que conocer su origen -

Detrás de una tienda sencilla hay decisiones que empiezan mucho antes de abrir sus puertas: qué vender, cuántas referencias manejar, cómo comprar y cuánto cuesta llevar cada producto hasta el consumidor. 

La historia del hard discount permite entender cómo esas decisiones fueron construyendo un modelo comercial donde la simplicidad exige una enorme disciplina.

Su llegada a Latinoamérica plantea una pregunta que sigue vigente: ¿cómo adaptarlo a nuestros hábitos de compra, proveedores y condiciones de mercado, conservando los principios que sostienen su eficiencia?


Ramo, tradicional marca dueña de Chocoramo, tuvo fuerte crecimiento en primer semestre; proyecta cierre de año histórico - 





Juan Carlos Vargas, presidente de Ramo. Imagen: Cortesía Ramo.

Ramo, la tradicional empresa colombiana que tiene en su portafolio productos insignia como Chocoramo, Gala, Tostacos y Maizitos, atraviesa un semestre positivo, con un crecimiento de ventas de doble dígito y una aceleración de sus resultados mes a mes, según explicó Juan Carlos Vargas, presidente de la compañía.

El ejecutivo, quien asumió el liderazgo de la organización hace 10 meses, aseguró que la apuesta ha sido acelerar el desempeño sin modificar la esencia de una empresa con marcas de amplia trayectoria en Colombia.

"Ha sido un semestre muy bueno", señaló Vargas en entrevista con Valora Analitik al hacer el balance de los primeros seis meses. Según explicó, al llegar encontró una organización que "viene marchando bien" y el reto fue entenderla para acelerar los resultados que ya venía obteniendo.

En ese proceso, uno de los puntos centrales ha sido mantener el legado de la compañía. Vargas explicó que, en organizaciones con una trayectoria importante y marcas fuertes, modificar aquello que las ha llevado a posicionarse en el mercado puede representar un riesgo.

"Respetar y sobre eso construir", resumió el presidente de Ramo sobre la estrategia que ha seguido durante sus primeros 10 meses al frente de la empresa.
Ventas crecen a doble dígito

En términos comerciales, Ramo viene creciendo a doble dígito. Vargas precisó que el incremento de las ventas supera el 12 % en el primer semestre del año, comportamiento que, según explicó, se ha venido acelerando mes tras mes.

El desempeño también se ha dado en un contexto de inflación, aunque la compañía ha encontrado un factor de compensación en la reducción del dólar, debido a que utiliza materias primas importadas.

El trigo y el maíz, por ejemplo, son importados en parte y hacen parte de los ingredientes e insumos relevantes para la operación. Por eso, la reducción de la tasa de cambio ha permitido compensar parcialmente el efecto de la inflación sobre los costos.

En materia de precios, Ramo sí ha realizado incrementos, pero Vargas aseguró que estos se han mantenido por debajo de la inflación.



Para el cierre de 2026, Vargas anticipó un escenario positivo para la compañía. Según explicó, Ramo viene creciendo simultáneamente en volumen, pesos y rentabilidad.

"Yo creo que va a ser un cierre de año espectacular", afirmó el ejecutivo, quien espera que 2026 pueda convertirse en un año histórico para la organización.

Al ser consultado por una cifra para dimensionar esa expectativa, Vargas mencionó un crecimiento que podría llegar a 20 % frente al año pasado.

Finalmente, sobre nuevas alianzas o proyectos para Ramo, el presidente de la compañía aseguró que vienen nuevos lanzamientos, aunque no entregó detalles y señaló que se conocerán en su momento.
Un portafolio concentrado en siete marcas

La estrategia de producto de Ramo está concentrada actualmente en siete marcas: Chocoramo, Gansito, Ramo, Ponqué Gala, Tostacos, Maizitos y Pachas.

Esta última es el lanzamiento más reciente de la compañía. Las papas Pachas llegaron al mercado a finales del año pasado y, de acuerdo con Vargas, vienen mostrando un buen comportamiento.

El ejecutivo aseguró que Pachas ya es el segundo competidor en el segmento de papas artesanales y que la expectativa es continuar creciendo de manera importante en esta categoría.

La compañía, por tanto, mantiene su apuesta por fortalecer las marcas existentes y desarrollar nuevas opciones dentro de su portafolio.

Ramo y el crecimiento del hard discount

Otro de los factores que está marcando el mercado de alimentos en Colombia es el avance de los formatos de hard discount, tendencia que Ramo prevé que continuará.

Vargas reconoció que estos formatos tienen una participación importante del mercado colombiano, especialmente en categorías de alimentos y productos de limpieza. Sin embargo, señaló que la estructura comercial de Ramo le permite mantener una posición diferenciada.

El 80 % o más de las ventas de la compañía se concentra en tiendas, por lo que la estrategia consiste en seguir fortaleciendo estos canales, además de invertir en las marcas y en innovación.

El presidente de Ramo también señaló que algunos de los productos más representativos de la compañía ya tienen presencia en establecimientos de hard discount, por lo que considera que ambos modelos pueden convivir en el mercado.


 Cosmos y caos: los grandes maestros


Borges, Kafka, Joyce, Pessoa y otros grandes autores nunca ganaron el Nobel. En esta nota de opinión, Andrés García Barrios comparte una reflexión sobre la literatura, la libertad y la exclusión.

Borges, Kafka, Joyce, Pessoa, Rilke, Proust… ¿qué tienen en común todos estos nombres? Bueno, en realidad, debe haber muchas semejanzas entre ellos (para empezar, la de que no son nombres sino apellidos), pero una que a mí siempre me gusta señalar es que, si bien todos ellos son considerados como los más grandes escritores del siglo XX, ninguno recibió el premio Nobel: todos, por distintos caminos —pero, a final de cuentas, llevados por una especie de magia común—, parecen haberse alejado del tablero donde, cada año, los jueces del famoso concurso sueco cuelgan a algún genio de las letras para exponerlo al mundo.

Los políticos mexicanos de otros tiempos dirían de ellos “Ni modo, se movieron y no salieron en la foto”, donde “moverse” significa salirse del mainstream. La foto… ya sabemos cuál es, la de todos los que se sienten (o aprenden a sentirse) cómodos al sujetarse a lo convencional, a lo común: la famosa foto, por ejemplo, de los “más importantes científicos de la primera mitad del siglo XX”, donde, por cierto, conforme a los criterios de la época, solo aparece una mujer “la excepción que confirma la regla”, dirían en ese mismo gremio (por cierto, no se me escapa que en la foto de los seis grandes literatos no incluí a ninguna escritora, pero es una vergüenza que acarrearé durante todo este texto y a la que, al final, daré su lugar). 

Por lo pronto, el tema es el de esa especie de seres míticos que se sitúan lejos del centro, fuera de foco, apartados del blanco donde las agudas flechas del mainstream clavan hasta a los más grandes genios. Borges, Proust, todos ellos, por el contrario, se mantuvieron descentrados: Borges, distraído en su laberinto de libros; Proust, en otro, menos abstracto y mejor amueblado, buscando su memoria; Pessoa, repartido en mil personas para recorrer el suyo; Rilke, creando un silencio en el que se podía escuchar el vuelo de los ángeles: todos parecían no pertenecer a ningún orden, no proceder de sitio alguno ni guardar ninguna ilusión de acabar el viaje en otro lugar.

Hablo de ellos como seres inmortales, sin principio ni fin, sin anclaje alguno, como si no pisaran: el mito Kafka, el mito Proust; inmortalizados, a veces por sus libros, más que por sus estatuas. Pero basta con leerlos para reconocer lo lejos que estaban de soñarse como una piedra; también lo cerca que estaban de anhelar vidas más simples, como las nuestras. “Envidio a todos no ser yo” decía Pessoa, pero todos lo podrían haber suscrito en algún momento.

No quiero ahondar en sus pecados y sacrificios: a Borges, su sublime escepticismo, su imparcialidad —que era casi indiferencia— ante el devenir humano, lo llevaron a recibir el reconocimiento de un dictador criminal argentino, manchando para siempre lo que él cuidaba como uno de los más grandes valores: su decencia (años después mostró su arrepentimiento en un acto y un texto tan estremecedores como ignorados). Rilke solía proteger su soledad mediante el desprecio a sus benefactores; Pessoa —más decente— acabó ofrendando su cuerpo al Minotauro del alcoholismo.

Ninguno —aunque los queramos convertir en seres de una sola pieza— estuvo exento de la ordinariez humana. Y es obvio: nadie lo está, de la misma forma en que nadie, ninguno de nosotros, está exento de tener rasgos míticos, misterios y secretos que nos vuelven indescifrables. Luigi Pirandello, el gran dramaturgo italiano (que hubiera sido tan mítico como aquellos otros seis si no le hubieran dado el Premio Nobel), escribía obras de teatro cuyos títulos hablan de lo poco que confiaba él en que cada ser humano pudiera ser visto como uno solo: en ellas desafiaba sin piedad la pretensión de algunos de llegar a serlo, y evidenciaba, una y otra vez, la farsa de que lo que los seres humanos decimos y hacemos puede ser descifrado en un sentido único: La señora Morli, dos en una; Así es (si así les parece); Uno, ninguno y cien mil; Cuando se es “alguien”… (el tema, por cierto, es también el gran dilema que se abrió al iniciar el siglo XX, con el descubrimiento de la relatividad y, dos décadas después, por la nueva ciencia cuántica, que, entre otras cosas, llegaría a plantear algo así como que un electrón puede estar en dos lugares al mismo tiempo).

Los seres humanos somos así: algo tiende a fijarnos en un orden mientras otro “algo” nos dispersa en infinitos sentidos. Nuestra vida resulta una paradoja en que anhelamos la unidad y la diversidad en igual medida, identificando con ambas nuestra libertad, como si habitáramos, al mismo tiempo, el caos y el cosmos.

Un ejemplo de esta paradoja es lo que le ocurrió a Jean-Paul Sartre, filósofo notable, pero también prolífico escritor de novelas y obras de teatro. Él no recibió el premio Nobel, pero, no porque no se lo hubieran ofrecido, sino porque no lo quiso: lo rechazó. Muchos de sus contemporáneos lo tildaron de ególatra y oportunista (decían que lo había hecho para ganar publicidad), pero su explicación fue muy clara: rechazaba aquel crédito, además de casi un millón de dólares, para evitar que sus lectores sesgaran la lectura de sus textos y empezaran a apreciarlos solo por ser “la obra de un premio Nobel”. En suma, que eso les hiciera comprometer su libertad. Por desgracia, y a pesar de esta noble y radical actitud, Sartre, que hubiera querido pasar por descentrado, ya se había puesto, demasiado, debajo de los reflectores, para conseguirlo. Intentó no salir en la foto, y cuando se movió, todas las cámaras voltearon hacia él. 

Sin duda se hizo bolas. Pero no es el único. De hecho, es algo que nos ocurre a todos. De continuo, nos hacemos bolas: disentimos, volamos y caemos en un nuevo patrón, y, así, vuelo tras vuelo, patrón tras patrón, huyendo de la paradoja, la vamos urdiendo, tramando, tejiendo. Son muy pocos los que tienen la fortuna de aquel inocente personaje de La vida de Brian, la película cómica inglesa. En una escena, cierto ruidoso líder lanza una arenga al pueblo, exhortando a cada uno a defender su libertad de decisión: “¡Porque no queremos ser unos borregos, ¿verdad?! —exclama— ¡¿Verdad que ninguno de ustedes quiere ser un borregooooo?!” La multitud se desternilla en un unívoco “¡Noooooooo!”, que tiene muy poco de autónomo, y al cesar el furor, una voz tímida se escucha en el silencio: 

— Yo sí.

Ese hombre es la única persona libre del planeta, que acepta su condición de alienado a despecho de todo el mundo. Se sumerge en la paradoja de la existencia y nada en ella como pez en el agua, convirtiéndose en un milagro. Quizás la humildad no sea, en el fondo, sino una falta de temor al ridículo. A la mayoría, la paradoja nos asfixia: no queremos ser como todos, y debido a ello, lo somos. Nos unimos a esa voz mayoritaria de libertad, pero solo nos salva el que, al final, cuando nos quedamos solos, vemos, atónitos y arrepentidos, la consecuencia de nuestros actos. 

Y es así como, pensando en esta paradoja y en este trágico error, llegó al tema que dejé pendiente: el de la vergüenza de no haber mencionado a las grandes maestras de la literatura no premiadas: Virginia Woolf, Carson McCullers, Marguerite Yourcenar… Empiezo por advertir cómo, a diferencia de aquellos varones de las letras, estos me vienen a la cabeza no solo con apellido sino también con nombre. ¿Es tal vez un intento de acogerse en su totalidad, es decir, no de forma parcial, no como estatuas? Woolf, Plath, De Beauvoir: piedras memorables. Porque recoger solo el apellido es sostener la memoria del padre, de los padres, de la ascendencia varonil. Entonces recuerdo las palabras que escuché hace unos días, verdades que de pronto nos dejan ver esa multitud humana que ha quedado fuera de la foto. En una entrevista que vi por instagram, una joven pensadora se expresaba acerca de términos que no pueden entrar en el discurso filosófico, psicoanalítico o político, porque se les asocia con lo infantil y lo femenino (por ejemplo, la palabra dulzura, inaugurada como concepto filosófico por la francesa Anne Dufourmantelle), y, “en nuestro patriarcado, lo infantil y lo femenino no son lugares de producción de sentido ni de pensamiento”.

Repito: no son lugares de producción de sentido ni de pensamiento. Joyce, Kafka, Proust son apellidos que quizás nos revelan el valor de la humildad, pero detrás de los cuales ocultamos, con engreimiento (por decir lo menos), a más de la mitad del mundo: mujeres, niños y todas las personas hechas a un lado, que, sin embargo, logran poco a poco llamar nuestra atención y entrar a cuadro al brillar por su ausencia.

Nunca acabaremos los seres humanos de habitar nuestras paradojas ni de develar lo invisible: siempre descubriremos nuevas transparencias que, si estamos atentos, llegarán para abrir fragmentos de sentido y de pensamiento. A mí —que me jacto de feminista— hoy la vida me regaló esa vergüenza de la que hablo, permitiéndome reconocerla y confesarla.

Las mentes prósperas trabajan como un instrumento de mano, en un mismo punto.
Bovee


Jaime Pérez Posada 

Asesoría , Formación y Consultoría en Mercadeo y temas afines. 

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