miércoles, 22 de abril de 2026

Miércoles del Retail Y el móvil nos hace peores estudiantes , lo que nos lleva a refugiarnos mas en él ... JaimePepo

Cordial saludo

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Miércoles del Retail   Y  el móvil nos hace peores estudiantes , lo que nos lleva a refugiarnos mas en él ... JaimePepo  

Un amigo verdadero es otro YO.
Zenon 



El renacer de la tienda de barrio en Colombia..
En medio de la transformación acelerada del comercio minorista en Colombia, hay un protagonista que se resiste a desaparecer y, más aún, está evolucionando con una fuerza inesperada: la tienda de barrio

Lejos de ser un formato obsoleto frente al avance de grandes cadenas, supermercados y modelos de hard discount, este canal tradicional continúa siendo el corazón del consumo cotidiano en millones de hogares colombianos. Sin embargo, su permanencia no es fruto de la inercia, sino de una adaptación constante a nuevas dinámicas económicas, tecnológicas y sociales.

A 2026, la tienda de barrio no solo sobrevive, sino que redefine su papel dentro del ecosistema comercial. Con más de 500.000 establecimientos distribuidos a lo largo del país, este formato captura hasta el 62% del gasto en poblaciones pequeñas, consolidándose como un pilar de la economía popular. Pero entender su vigencia implica ir más allá de las cifras: se trata de comprender su impacto en el empleo, la estructura social, el comportamiento del consumidor y su capacidad de reinventarse frente a amenazas crecientes.

Un motor silencioso de empleo y desarrollo
Uno de los aspectos más relevantes del canal tradicional es su contribución al empleo. Las tiendas de barrio generan alrededor de 1,7 millones de empleos directos, lo que las convierte en un actor clave dentro del tejido económico colombiano. No se trata únicamente de cifras: detrás de cada tienda hay historias familiares, proyectos de vida y, en muchos casos, la única fuente de ingresos de hogares enteros.

Un dato particularmente significativo es el liderazgo femenino en este sector. Cerca del 64,7% de estos negocios son propiedad de mujeres, muchas de ellas madres cabeza de familia. Este fenómeno no solo refleja una dinámica económica, sino también social: la tienda de barrio se convierte en un vehículo de autonomía financiera y empoderamiento.

Además, el 96% de estos establecimientos opera en estratos 1, 2 y 3, lo que evidencia su papel como “salvavidas” del consumo diario en comunidades con menor acceso a grandes superficies. En estos contextos, la tienda no es solo un punto de venta, sino un espacio de confianza, cercanía y soporte comunitario.

Un modelo que resiste… pero también se transforma
Aunque la tienda de barrio ha demostrado una notable resiliencia, no está exenta de desafíos. Su ciclo de vida revela tensiones importantes: el 38% de las tiendas tiene menos de dos años de operación, lo que indica una alta rotación y una fase constante de validación de nuevos negocios. Al mismo tiempo, un 20% supera los 20 años de historia, consolidándose como verdaderas instituciones dentro de sus comunidades.

Este contraste muestra dos realidades: por un lado, la facilidad relativa para iniciar este tipo de negocio; por otro, la dificultad de sostenerlo en el tiempo. De hecho, uno de los mayores retos es el relevo generacional. Solo el 34% de las tiendas logra pasar a una segunda generación, lo que pone en riesgo su continuidad como modelo familiar.

La falta de profesionalización, la ausencia de planificación financiera y la dificultad para adaptarse a nuevas tendencias son factores que explican esta brecha. En un entorno cada vez más competitivo, la improvisación deja de ser viable.

El nuevo consumidor: menos visitas, más estrategia
El comportamiento del consumidor colombiano también ha cambiado, y con ello, el rol de la tienda de barrio. Entre 2025 y 2026 se observa una transformación clave: las visitas a estos establecimientos han caído un 7,1%, pero el gasto por compra ha aumentado un 11,8%, alcanzando un ticket promedio de $10.850.

Este fenómeno revela la aparición de un “consumidor estratégico”, que planifica más sus compras y optimiza cada visita. En este nuevo escenario, la tienda deja de ser el lugar de abastecimiento principal rol que ha sido capturado en gran medida por los formatos de hard discount y se posiciona como el espacio para compras inmediatas, urgentes o de conveniencia.

Es decir, la tienda de barrio pasa de ser el centro del mercado mensual a convertirse en el aliado del “desvare”: ese momento en el que el consumidor necesita resolver rápidamente una necesidad puntual. Esta transición redefine su propuesta de valor y obliga a los tenderos a ajustar su oferta.

Amenazas que no se pueden ignorar
A pesar de su relevancia, el canal tradicional enfrenta riesgos estructurales que podrían comprometer su futuro. Uno de los más importantes es el impacto de la regulación, particularmente el llamado “impuesto saludable”, que grava productos que representan el 32,8% de los ingresos de una tienda promedio.

Este tipo de medidas, aunque responden a objetivos de salud pública, generan presión sobre los márgenes de los tenderos y obligan a replantear su portafolio de productos.

A esto se suma el incremento en los costos de servicios públicos, la inflación y la competencia de grandes cadenas. Según estimaciones de la FENALCO, hasta el 25% de las tiendas podría desaparecer en los próximos tres años si no logra adaptarse a este nuevo entorno.

La amenaza no es menor. La desaparición de una parte significativa de este canal tendría implicaciones no solo económicas, sino también sociales, especialmente en comunidades vulnerables.

La tecnología como aliada inesperada
Frente a este panorama, la tecnología emerge como un factor clave de supervivencia y transformación. Lo que antes parecía ajeno al tendero tradicional, hoy se convierte en una herramienta esencial para competir.

En materia de pagos, cerca del 70% de las tiendas ya acepta billeteras digitales como Nequi y Daviplata. Este cambio no solo facilita las transacciones, sino que responde a un consumidor cada vez más digitalizado.

En cuanto a la gestión del negocio, aplicaciones como Super Vecino permiten cumplir con la factura electrónica y organizar la operación diaria, mientras que plataformas como Chiper y Rabbit optimizan el abastecimiento, reduciendo tiempos y mejorando la eficiencia.

Estas herramientas marcan un cambio profundo: la tienda de barrio empieza a operar con lógica empresarial, apoyándose en datos, automatización y procesos más estructurados.

Más allá del precio: el valor humano
A pesar de todos estos cambios, hay un elemento que sigue siendo el mayor diferencial de la tienda de barrio: el factor humano. En un mundo dominado por algoritmos, plataformas digitales y grandes superficies, la cercanía, la confianza y el trato personalizado se convierten en ventajas competitivas difíciles de replicar.

El “fiado”, por ejemplo, sigue siendo una práctica vigente en muchas comunidades, funcionando como una forma de crédito informal basada en la confianza. Este tipo de relaciones construye lealtad y fortalece el vínculo entre el tendero y sus clientes.

Además, la tienda actúa como un punto de encuentro social, un espacio donde se intercambian noticias, se construyen relaciones y se refuerza el sentido de comunidad. Este componente emocional es, en muchos casos, más determinante que el precio.

Hacia una tienda híbrida
El futuro de la tienda de barrio en Colombia parece apuntar hacia un modelo híbrido, donde tradición y modernidad conviven. No se trata de reemplazar su esencia, sino de potenciarla con herramientas que le permitan competir en un entorno más complejo.

La incorporación de tecnologías como la inteligencia artificial para la gestión de inventarios, la personalización de ofertas o la predicción de la demanda podría marcar una nueva etapa en su evolución. Al mismo tiempo, mantener su identidad comunitaria será clave para diferenciarse de otros formatos.

Este equilibrio no es sencillo. Requiere inversión, capacitación y un cambio de mentalidad. Pero también abre oportunidades para construir un modelo más sostenible y resiliente.

Un actor clave en la economía del futuro
La tienda de barrio no es un vestigio del pasado, sino un actor relevante en el presente y el futuro del comercio colombiano. Su capacidad de adaptación, su impacto social y su cercanía con el consumidor la convierten en un elemento estratégico dentro del ecosistema económico.

Sin embargo, su permanencia no está garantizada. Dependerá de su capacidad para evolucionar, incorporar tecnología y responder a las nuevas demandas del mercado. También será fundamental el papel de políticas públicas y alianzas con el sector privado que faciliten su transformación.

En un contexto donde el comercio se digitaliza y se globaliza, la tienda de barrio representa un recordatorio de que el valor del comercio no está solo en la eficiencia, sino también en las relaciones humanas.


El panorama de la tienda de barrio en Colombia hacia 2026 es complejo, pero lleno de posibilidades. Entre desafíos regulatorios, cambios en el consumo y avances tecnológicos, este canal enfrenta una encrucijada que definirá su futuro.

Lejos de desaparecer, todo indica que evolucionará hacia un modelo más sofisticado, donde la tecnología y la tradición se complementen. 

La clave estará en entender que su mayor fortaleza no es competir en precio, sino en construir experiencias basadas en confianza, cercanía y servicio.

Si logra integrar estas dimensiones, la tienda de barrio no solo seguirá siendo el corazón del comercio colombiano, sino que se consolidará como un ejemplo de cómo los modelos tradicionales pueden reinventarse en la era digital.

El Hard Discount necesitaba una sacudida… y llegó.

En el Foro Ejecutivo de Retail & Gran Consumo – Expansión, eficiencia y nuevos modelos de crecimiento hubo un momento que rompió la inercia.

La presentación de Andrés Escobar no solo fue excelente.
Fue necesaria.
Porque hay que decirlo sin rodeos: El discurso del Hard Discount empezaba a caer en la repetición. Mismos conceptos. Mismos argumentos. Misma narrativa,

Precio. Eficiencia. Surtido corto. Correcto, pero insuficiente. Y ahí es donde aparece un punto de quiebre. Lo que vimos en su intervención fue algo distinto: Una ampliación del marco mental del formato.

El Hard Discount ya no se está moviendo solo en eficiencia operativa.
Se está moviendo en nuevas capas que muchos aún no están leyendo:
Omnicanalidad como necesidad estructural, no como opción
Tecnología integrada al modelo, como sistema nervioso del negocio
Marca propia como plataforma de valor, no solo como herramienta de precio

Expansión con lógica estratégica, no solo crecimiento por cobertura

El Hard Discount no se está agotando, se está transformando. Pero esa transformación no es evidente para todos. Y ahí está el riesgo. Porque cuando un formato deja de cuestionarse, el mercado empieza a alcanzarlo. Por eso intervenciones como esta no solo aportan, incomodan. Y eso es exactamente lo que necesita hoy el retail.
Porque el verdadero riesgo no es equivocarse, es seguir explicando el modelo de ayer, mientras el negocio ya está construyendo el de mañana.

Estrategias de supervivencia: cuando lo regional deja de competir… y empieza a dominar
Ignacio Escobar


El Hard Discount está cambiando.
Pero lo verdaderamente interesante… es quién está aprendiendo a convivir con él.
Durante años, la conversación fue binaria: precio vs. surtido. eficiencia vs. experiencia. hard discount vs. supermercado tradicional.

Hoy esa discusión es obsoleta. Porque mientras el Hard Discount se vuelve más sofisticado, hibridándose hacia conveniencia, foodservice y nuevos momentos de consumo, las cadenas regionales están construyendo una respuesta silenciosa pero profundamente estratégica: La premiumización de lo cotidiano.

No están compitiendo contra el Hard Discount están cambiando las reglas del juego. El error más común de muchos supermercados independientes fue intentar copiar lo incopiable: bajar precios sin estructura, ampliar surtido sin rotación, negociar sin escala, competir donde el Hard Discount es estructuralmente superior.

Pero los jugadores que están sobreviviendo, y más aún, creciendo entendieron algo clave: No se le gana al Hard Discount en su terreno. Se le rodea.

Y ahí aparece una nueva lógica: No vendo más barato. Vendo mejor lo que la gente consume todos los días.

La premiumización de lo cotidiano: una estrategia, no una categoría
No se trata de montar una góndola gourmet. Se trata de elevar el estándar de lo básico. Porque el consumidor no vive de indulgencias, vive de repetición.

Y ahí es donde las cadenas regionales están ganando:
Marcas propias que dejan de ser baratas, para volverse preferidas, calidad percibida superior, narrativa local (origen, productor, frescura), diferenciación real vs. marcas nacionales, margen sin guerra de precios. Es una marca propia con identidad.

El territorio donde el Hard Discount aún no domina: lo fresco y lo listo
Aquí hay una grieta estructural.
Las cadenas regionales están entrando con fuerza aquí: panadería caliente, comidas listas, frutas y verduras con identidad local, soluciones “para hoy, no para abastecerse”
Están capturando momentos de consumo… no solo transacciones.

El verdadero activo oculto: conocer al cliente mejor que nadie Mientras los formatos nacionales optimizan desde el dato agregado, el regional juega en otro nivel: la cercanía real, entiende micro hábitos, ajusta surtido por ubicación, rota productos según cultura local Fidelización sin necesidad de guerra de precios. El regional no escala igual, pero se especializa. Y en esa especialización está su ventaja. Porque el consumidor de hoy no solo busca precio, Busca: confianza, cercanía, soluciones inmediatas, identidad Conclusión: no es resistencia, es evolución estratégica Las cadenas regionales que sobrevivirán no serán las que resistan.


Serán las que redefinan su rol.


El móvil nos hace peores estudiantes, lo que nos lleva a refugiarnos más en él


Imaginemos a un universitario cualquiera: se sienta frente a los apuntes para empezar a estudiar, pero a los cinco minutos vibra el dispositivo. Este sencillo aviso actúa como una invitación a desviar su atención, activando un ciclo de gratificación instantánea que fragmenta su capacidad de concentración. Lo que comienza como una revisión de una notificación termina convirtiéndose en un largo periodo de consumo digital que desplaza la tarea académica.

Esta dinámica no es casual; responde a un diseño persuasivo que transforma el uso del smartphone en un patrón de conducta a menudo compulsivo. En un reciente estudio hemos analizado cómo el uso problemático de internet y el fenómeno del phubbing, acto de ignorar a otras personas para consultar el móvil, impactan en la capacidad cognitiva y emocional y en el rendimiento académico de los universitarios.

El perfil de la distracción

Nuestra investigación revela que el uso problemático de internet y el phubbing son fenómenos transversales a todos los universitarios, aunque existen ciertos matices. Al analizar la muestra de 875 estudiantes de 5 facultades de la Universitat de Barcelona, no hallamos diferencias por sexo o edad, algo que difiere de otros estudios donde tradicionalmente han señalado una mayor vulnerabilidad en las mujeres, por su uso de redes sociales, o en los alumnos más jóvenes.

Sin embargo, la titulación sí importa. Los alumnos que estudian grados con una mayor carga o estimulación digital, como por ejemplo Comunicación Audiovisual o ESCAC, muestran niveles de uso problemático más elevados en comparación con los de Educación.

En cuanto al rendimiento académico, los datos confirman una relación inversa preocupante que ya había sido detectada anteriormentelos estudiantes con un desempeño “excelente” muestran los niveles más bajos de uso problemático de internet o phubbing

Por el contrario, aquellos con calificaciones de “aprobado” o “notable” presentan una mayor dependencia digital y puntuaciones más altas en phubbing, lo que indica que el empleo desadaptativo del móvil está directamente asociado con un menor éxito en las aulas.


‘Smartphone’ como analgésico emocional

El uso del móvil no es solo un hábito, sino un bucle alimentado por variables psicológicas. Por ejemplo, nuestros datos apuntan a que cuando una persona es impulsiva –le falta autocontrol– y se siente mal psicológicamente tiene mayor tendencia a usar internet de manera problemática e incurrir en el phubbing, es decir, en distraerse mirando el móvil cuando habla con otras personas.

Los estudiantes con niveles más altos de ansiedad y depresión tienen una probabilidad significativamente mayor de refugiarse en el dispositivo para aliviar estados emocionales negativos. Cuando este fenómeno se da en el aula, se distraen.

Este círculo vicioso se retroalimenta. El malestar psicológico impulsa al estudiante hacia el móvil buscando alivio momentáneo, pero ese uso problemático genera una mayor fragmentación atencional y sentimientos de culpa, lo que a su vez incrementa el malestar y dificulta retomar el estudio con eficacia.

En nuestra muestra, el 49 % de los alumnos presenta niveles altos de phubbing, una conducta que se vincula directamente con una menor capacidad de autorregulación. Cuanto mayor puntúan en la escala de ansiedad, mayor es su probabilidad de incurrir en este tipo de comportamiento. Si tenemos en cuenta que la media de revisión del teléfono es de 150 veces al díaen los casos con un peor autocontrol esta frecuencia puede dispararse, consolidando dinámicas de uso compulsivas.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro?

Para entender qué ocurre realmente en el cerebro del estudiante, realizamos un experimento con 46 alumnos del grado en Comunicación Audiovisual midiendo su actividad electrodérmica (las respuestas físicas de la piel que indican activación emocional y atencional). Los resultados muestran un patrón claro: una mayor propensión a usar demasiado internet provoca un desajuste entre el nivel de atención y la activación emocional durante el desempeño de tareas académicas.

En concreto, al realizar actividades que requieren una alta demanda cognitiva, como es un examen, los estudiantes con mayor uso problemático muestran una disminución progresiva de la atención. Sin embargo, presentan una respuesta emocional elevada ante las exigencias de la tarea, lo que sugiere que su cerebro está reaccionando emocionalmente ante la dificultad de concentrarse para realizar la labor.

Curiosamente, su atención solo parece estabilizarse ante estímulos digitales, como el consumo de contenido en pantalla. Esto demuestra que su sistema nervioso se ha habituado a procesar información bajo una estimulación constante, perdiendo eficacia en los procesos de estudio tradicionales que requieren calma y reflexión.

No es falta de ganas, es un conflicto de diseño

A la luz de estos datos, queda patente que el uso excesivo del smartphone impacta en el rendimiento académico más allá de provocar falta de interés o de disciplina. Las plataformas digitales entorpecen los procesos necesarios para sostener el esfuerzo cognitivo que una persona necesita para estudiar.

Los malos hábitos digitales (uso excesivo, falta de control en el tiempo de uso, consultar el móvil demasiado a menudo o interrumpiendo otras tareas) pueden surgir, además, precisamente como respuesta ante el malestar psicológico que produce esta falta de concentración. Es decir, al comenzar una tarea exigente cognitivamente, el esfuerzo nos empuja a “evadirnos” hacia tareas fragmentadas y sencillas como consultar las redes sociales.

En definitiva, el éxito académico no depende solo de la capacidad intelectual, sino también de nuestra habilidad para recuperar la voluntad y el autocontrol en un entorno diseñado, precisamente, para disminuirlos.

Fuente: https://theconversation.com/

Cada nuevo amigo es un reencuentro con una parte de nosotros mismos.

Hebbel


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Jaime Pérez Posada 

Asesoría , Formación y Consultoría en Mercadeo y temas afines. 

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