miércoles, 29 de octubre de 2025

Miércoles del Retail y Mas allá de la calificación : Hacia una evaluación inteligente, ética y centrada en el aprendizaje...

 Cordial saludo

Bienvenidos al Miércoles del Retail y Mas allá de la calificación : Hacia una evaluación inteligente, ética y centrada en el aprendizaje...

Siganme en X como : @jaime_pepo





La gran transformación del retail: Cinco ejes para entender un sector en reinicio total
El sector del retail se encuentra en un punto de inflexión radical.




El sector del retail se encuentra en un punto de inflexión radical. Ya no se trata de una simple evolución, sino de un reinicio total donde las reglas del juego se reescriben a una velocidad vertiginosa. La pregunta clave, «¿Hacia dónde se dirige el sector del retail?», es la que separa a los actores rezagados de los verdaderos líderes que no esperan a responder, sino que actúan y aceleran la transformación. Puedes leer el artículo de Luis Lara Arias original aquí.

La visión de que el retail es meramente un acto de transacción ha quedado obsoleta. El consumidor actual es más escurridizo, polarizado, saciado y empobrecido en términos de atención, lo que obliga a las marcas a ir mucho más allá de la simple venta. La exigencia es clara: conectar, emocionar y simplificar la experiencia de compra. En este panorama de cambio profundo, el experto en retail Luis Lara Arias identifica cinco realidades ineludibles que marcan el pulso del sector y definen la hoja de ruta para los próximos años. Su análisis, conciso y profundo, es una lectura obligada para entender la disrupción actual.

1. Phygital: La Fusión de Mundos sin Fricciones

La primera y quizás más tangible realidad es el Phygital. Esta palabra, que fusiona lo físico y lo digital, describe al cliente conectado de hoy: un individuo que vive con el móvil en la mano y que demanda una experiencia de compra sin fisuras entre todos los canales.

El viaje de compras ya no es lineal. Los clientes se inspiran en Instagram, comparan precios online, prueban en la tienda, recogen con un click y devuelven en el punto físico, o viceversa. La clave no es la coexistencia de canales, sino su coherencia total. Empresas con un control estricto sobre su producto y sus canales, como Inditex o TENDAM, tienen una ventaja estructural para ofrecer esta experiencia integrada. Por el contrario, los espacios multimarca o grandes almacenes se enfrentan al reto de orquestar múltiples marcas bajo un mismo estándar de coherencia, lo que genera fricciones. El futuro del retail exige que la omnicanalidad sea invisible para el consumidor, que la transición entre el smartphone y el showroom sea instantánea y natural.

2. El Auge del ‘Low Cost’ Emocional

En un contexto económico de incertidumbre y polarización, el retail de precios bajos está viviendo un renacimiento, pero con una diferencia crucial: ya no es solo una guerra de precios. Lara Arias lo denomina el «Lowcost emocional».

Cadenas como Pepco, PRIMAPRIX o NORMAL A/S están demostrando que el crecimiento a doble dígito se logra al ofrecer «pequeños placeres» o necesidades diarias que son inherentemente accesibles. Estos modelos combinan la racionalidad del precio bajo con la evasión y el placer de la «caza de gangas». Son tiendas de proximidad, de pequeño formato, que consiguen que el acto de comprar sea un momento satisfactorio y una vía de escape, incluso en productos esenciales. Este modelo, que en EE. UU. ejemplifica Five Below con su rápido crecimiento, demuestra que el valor emocional en la cesta de la compra es tan importante como el económico.

3. La Tienda como Escenario: Experiencia y Comunidad

El retail físico está lejos de morir, pero ha evolucionado drásticamente. El tercer eje de transformación es la conversión de la tienda de un simple punto de venta a un escenario de marca y un punto de encuentro.

Las aperturas emblemáticas, como las nuevas tiendas de ZARA en Serrano o el espacio de HOFF en Velázquez (Madrid), son la mejor prueba de esta evolución. La mera transacción ha quedado relegada. Ahora, el objetivo es vincular y fidelizar al cliente a través de una inmersión sensorial y experiencial. Cada detalle, desde la iluminación, el diseño, los aromas y los materiales, hasta las colaboraciones artísticas, se utiliza para generar una experiencia que fomente la comunidad. La tienda se convierte en un centro social y cultural que justifica la visita física, ofreciendo algo que el e-commerce no puede: la interacción humana, el tacto y la inmersión total en el universo de la marca.

4. Inteligencia Artificial: De la Búsqueda a la Anticipación

La Inteligencia Artificial (IA) es el motor silencioso que está reescribiendo la relación entre la marca y el cliente. Estamos presenciando el fin de la era de la búsqueda tal como la conocíamos, dando paso a la era de la anticipación y el diálogo.

Lara Arias señala el cambio: «Adiós Google, hola ChatGPT». Acuerdos estratégicos, como el de Walmart con OpenAI, demuestran la dirección: el sistema dejará de esperar que el cliente busque un producto. En su lugar, el sistema anticipará la necesidad y propondrá opciones de forma proactiva. Esto marca un cambio de paradigma profundo, donde la compra se transforma de una búsqueda activa a un diálogo con la marca, y la relación se convierte en una co-creación de experiencias y contenidos. La IA no solo optimizará la cadena de suministro, sino que se convertirá en el asistente personal de compras de cada consumidor.

5. GLP-1: La Revolución en la ‘Appetite Economy’

La realidad más novedosa y de impacto transversal es la que introduce el factor GLP-1 y la “appetite economy”. Fármacos para la diabetes y la pérdida de peso, como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, están transformando hábitos de consumo a una escala que va más allá de la salud, afectando directamente al retail.

Según un análisis reciente de PwC, el uso de GLP-1 en los hogares está causando una caída en el gasto de supermercados (6-8%) y un incremento en el de moda (4-5%). El cambio en la confianza y la autoimagen está impulsando la compra de ropa. Además, se observa un descenso en el consumo de comida rápida y un auge de la restauración tradicional y los viajes de bienestar. Este factor, aparentemente ajeno, demuestra que el futuro del retail no solo se define por la tecnología y la experiencia, sino por factores sociosanitarios que cambian el comportamiento del consumidor en su raíz.

Las marcas que triunfen serán aquellas que comprendan la profundidad de estas cinco transformaciones. La clave está en pasar de una mentalidad transaccional a una relacional y anticipatoria.

Tiendas Ara, el vecino que transforma los barrios de Colombia



Tiendas Ara, el vecino que transforma los barrios de Colombia, en una época donde la inflación, el desempleo y las brechas sociales siguen marcando la vida de millones de familias colombianas, Tiendas Ara se ha convertido en un actor clave para el comercio local y en un aliado indispensable para los hogares del país. Con más de 1.530 tiendas distribuidas en 29 departamentos y presencia en 350 municipios, la cadena filial del grupo portugués Jerónimo Martins ha consolidado un modelo de negocio que combina eficiencia operativa, sostenibilidad y cercanía comunitaria.

El propósito que guía a Ara desde su llegada a Colombia en 2013 es claro: democratizar el acceso a alimentos de calidad a precios justos, generando al mismo tiempo un impacto positivo en el tejido económico y social. Su visión trasciende el ámbito del retail tradicional; busca ser un verdadero “vecino confiable” que fortalece las economías locales, impulsa la producción nacional y fomenta la sostenibilidad ambiental.

Tiendas Ara nació en el país bajo una premisa fundamental: la calidad no debe ser un lujo. En un contexto donde más del 31 % de la población vive bajo la línea de pobreza monetaria y cerca de 16 millones de personas enfrentan dificultades para acceder a una alimentación adecuada, la empresa ha apostado por una propuesta de valor que prioriza la economía del consumidor y la inclusión social.

“Queremos ofrecer productos de calidad a precios justos, siempre bajo una filosofía de desarrollo sostenible y valor compartido”, explicó Nuno Sereno, director general de Jerónimo Martins Colombia. Bajo esta visión, Ara se ha propuesto mejorar la calidad de vida de las familias colombianas, sin perder de vista su papel en la generación de empleo, el fortalecimiento de la industria local y el respeto por el medio ambiente.

Su enfoque no es solo comercial, sino también cultural y humano. En muchas comunidades, las tiendas Ara se han convertido en puntos de encuentro: lugares donde los vecinos conversan, compran sus productos cotidianos y se sienten parte de un entorno más solidario.

Inversión que impulsa desarrollo local

Desde su desembarco en Colombia, Tiendas Ara ha invertido más de 1.250 millones de euros (cerca de seis billones de pesos colombianos) en su expansión, logística, centros de distribución y en el fortalecimiento de la producción local.

El 93 % de los productos que comercializa provienen de proveedores nacionales, lo que convierte a la marca en un motor del encadenamiento productivo y un apoyo directo a pequeñas y medianas empresas que hoy tienen acceso a mercados más amplios gracias a esta red.

A la par, Ara genera más de 19.000 empleos formales, muchos de ellos en municipios intermedios y zonas tradicionalmente rezagadas en oportunidades laborales. Este impacto se traduce en mayor formalización, estabilidad económica y desarrollo regional.

Para la compañía, invertir en Colombia no solo ha significado expandir su presencia comercial, sino apostar por el talento y la capacidad productiva local. Las alianzas con fabricantes, agricultores y emprendedores nacionales fortalecen la competitividad del país y consolidan un círculo virtuoso entre empresa, comunidad y sostenibilidad.

Compromiso social y comunitario

Tiendas Ara ha entendido que su papel como actor económico va de la mano con una responsabilidad social profunda. Por eso, ha tejido alianzas estratégicas con el ICBF, Unicef y la red de bancos de alimentos Abaco, con el objetivo de contribuir al bienestar de las comunidades más vulnerables.

En los últimos dos años, la compañía ha destinado más de tres millones de euros a proyectos centrados en nutrición, deporte, educación, empoderamiento femenino y primera infancia, beneficiando directamente a más de 50.000 personas.

Estos programas no se limitan a donaciones o patrocinios. Están diseñados para generar capacidades sostenibles, especialmente en niños, jóvenes y madres cabeza de hogar. Así, Ara se consolida como una marca que entiende que su éxito depende del bienestar colectivo.

“Queremos que las personas reconozcan a Tiendas Ara no solo por sus precios o su cercanía, sino también por su contribución a construir un país más justo y sostenible”, afirma Sereno.
Sostenibilidad ambiental: un pilar transversal

La sostenibilidad ambiental ocupa un papel central en la estrategia de Tiendas Ara. La empresa ha adoptado prácticas de economía circular y reducción de residuos, especialmente en la disminución de plásticos y cartones de un solo uso, promoviendo el uso de empaques reciclables o reutilizables.

Actualmente, más de 290 tiendas operan con paneles solares, lo que reduce significativamente su huella de carbono y su consumo de energía convencional. Asimismo, varios de sus centros de distribución han implementado sistemas de eficiencia energética y control de residuos, contribuyendo al uso racional de los recursos.

Pero el compromiso de Ara va más allá de la energía: la compañía también participa en proyectos de conservación de especies emblemáticas como guacamayas y polinizadores, reconociendo que la biodiversidad es un elemento esencial del bienestar social y económico del país.

Con estas acciones, Ara no solo cumple con estándares internacionales de sostenibilidad, sino que inspira a otros actores del sector retail a seguir su ejemplo, demostrando que la rentabilidad y el respeto ambiental pueden coexistir.
El desafío de mantenerse eficiente y cercano

El modelo de Ara ha logrado un equilibrio notable entre eficiencia y propósito, pero no está exento de retos. Uno de los principales desafíos es mantener su competitividad logística en un país con una geografía compleja y una infraestructura desigual.

A pesar de estas dificultades, la compañía ha invertido en tecnología, automatización y optimización de rutas, mejorando la distribución de productos y garantizando la frescura en alimentos perecederos, un aspecto crucial en su promesa de valor.

Otro reto es adaptarse a las particularidades regionales. Colombia es un país de gran diversidad cultural y gastronómica, por lo que Ara ha diseñado estrategias flexibles para ajustar su oferta según los gustos y costumbres de cada zona. Esto incluye desde productos locales hasta promociones pensadas específicamente para cada comunidad.

Este esfuerzo por entender al cliente desde su entorno ha permitido que Ara sea vista como un vecino más, no una gran corporación distante, lo que fortalece la lealtad y el sentido de pertenencia de sus consumidores.

El impacto del “vecino confiable”

Para muchos colombianos, Tiendas Ara representa la cercanía, el ahorro y la confianza. Su expansión constante no se basa únicamente en abrir puntos de venta, sino en crear relaciones sostenibles con las comunidades donde opera.

Cada nueva tienda implica no solo inversión y empleo, sino también una apuesta por la inclusión, el respeto y el desarrollo local. En este sentido, Ara se ha convertido en un ejemplo de cómo el retail moderno puede tener un propósito social profundo, integrando la eficiencia empresarial con un compromiso humano y ambiental.

La marca ha sabido conectar con la esencia del consumidor colombiano: alguien que valora la calidad, pero también la empatía; que busca precios justos, pero no a costa del bienestar del planeta ni de las personas que producen lo que consume.
Ara y el futuro del retail sostenible

En un contexto global donde las empresas deben adaptarse a consumidores más conscientes y exigentes, Tiendas Ara ha logrado posicionarse como pionera en el retail sostenible en Colombia. Su combinación de precios bajos, productos locales, impacto social y responsabilidad ambiental crea un modelo que muchos consideran el futuro del comercio moderno.

El crecimiento de la cadena también refleja una tendencia más amplia: la transformación del consumo hacia modelos más inclusivos, sostenibles y responsables. En ese sentido, Tiendas Ara no solo vende productos; vende confianza, empatía y propósito.

Para 2026, la empresa proyecta continuar su expansión hacia nuevas regiones del país, fortalecer sus alianzas con proveedores nacionales y aumentar el número de tiendas alimentadas con energía solar. Su visión a largo plazo es clara: ser el vecino que cada comunidad necesita, un socio del bienestar y del progreso compartido.

En poco más de una década, Tiendas Ara ha pasado de ser una nueva apuesta extranjera en el comercio colombiano a convertirse en un símbolo de desarrollo regional, sostenibilidad y comunidad. Su modelo demuestra que la rentabilidad no está reñida con la empatía, y que la verdadera fortaleza de una empresa radica en su capacidad de transformar positivamente el entorno donde opera.

Con su cercanía, su compromiso y su enfoque humano, Ara ha redefinido lo que significa ser un buen vecino en Colombia: uno que ofrece más que precios bajos, ofrece esperanza, oportunidades y progreso.

Más allá de la calificación: hacia una evaluación inteligente, ética y centrada en el aprendizaje.

Por Paulette Delgado
Especialista en tendencias educativas. 

Evaluación inteligente y ética: descubre cómo la inteligencia artificial transforma la retroalimentación, la equidad y el aprendizaje centrado en la persona.

Durante décadas, se consideró que el propósito principal de la evaluación del aprendizaje era el de medir: aplicar una prueba que comprobaba que el estudiante estaba entendiendo y dominando el tema y, muchas veces, esto definía el destino académico de los estudiantes. 

Sin embargo, hoy en día esta manera de entender la evaluación está en crisis. En pleno siglo XXI, evaluar no significa sólo medir, sino acompañar, comprender y retroalimentar el proceso de aprendizaje. Especialmente con los avances en inteligencia artificial (IA), el aprendizaje adaptativo y la analítica de datos han abierto nuevas oportunidades para diseñar una evaluación más justa, ética y personalizada. Aunque esto es algo positivo, al mismo tiempo, plantea dilemas sobre el papel docente, la privacidad y la autonomía del estudiante. 

De la medición al acompañamiento

En su artículo Desde los tests hasta la investigación evaluativa actual (2003), Tomás Escudero describe cómo ha evolucionado la evaluación educativa a lo largo del siglo XX, mostrando cómo pasó de ser un proceso técnico y cuantitativo a ser más complejo, ético y pedagógico.

El autor identifica cuatro grandes etapas que sintetizan los cambios de paradigma:

  1. La etapa de la medición (inicios del siglo XX):
    Dominada por el paradigma psicométrico, la evaluación se concebía como un proceso de medición objetiva de habilidades y rendimientos. Se inspiraba en el modelo de las ciencias naturales, se priorizaba la precisión estadística y la estandarización. El estudiante era considerado un “objeto de medición” y el fin era comparar, clasificar y predecir el desempeño. Figuras como los psicólogos Thorndike y Terman marcaron esta etapa, centrada en los tests de inteligencia y las pruebas normativas.
  2. La etapa descriptiva (mediados del siglo XX):
    En su análisis, Escudero identifica que durante esta segunda etapa, con la expansión de la educación masiva y la influencia de Ralph W. Tyler, la evaluación comenzó a describirse en función de objetivos educativos. Tyler diseñó un modelo de desarrollo curricular que introdujo la idea de evaluar para comprobar el grado de logro de metas previamente definidas. Esto dio origen a la planeación por objetivos y a la evaluación curricular. Aun así, el enfoque seguía siendo funcionalista: se evaluaban productos, no procesos.
  3. La etapa del juicio de valor (años sesenta y setenta):
    Durante esta etapa, Escudero señala que, con los aportes de Scriven y Stake, la evaluación experimentó un giro conceptual: dejó de limitarse a medir y comenzó a emitir juicios de valor fundamentados sobre la calidad y pertinencia de los programas. Scriven introdujo la distinción entre evaluación formativa y sumativa, mientras que Stake desarrolló el enfoque responsivo y promovió el uso de estudios de caso. Se reconoció al evaluador como intérprete y no solo como técnico, y se consolidó la idea de que toda evaluación conlleva una dimensión ética y política.
  4. La etapa de la investigación evaluativa (finales del siglo XX):
    Finalmente, Escudero describe la consolidación de una visión holística, interpretativa y participativa. La evaluación se integra a la investigación educativa como una práctica de comprensión y transformación, donde el contexto, las voces de los actores y la retroalimentación cobran protagonismo. Ya no se trata de calificar resultados, sino de acompañar procesos de aprendizaje y mejora institucional.

De este recorrido que hizo Escudero sobre la evaluación se llega a una conclusión clave: la evaluación es un fenómeno social, no meramente técnico. El autor enfatiza que reducirla a sólo el acto de medición empobrece su sentido, porque evaluar implica comprender, dialogar y tomar decisiones informadas para transformar la enseñanza.

Por eso, el autor propone concebir al docente como un “profesional evaluador”, no sólo un ente que aplica pruebas, sino un mediador entre la información, la interpretación y la acción pedagógica. La evaluación, en esta perspectiva, se convierte en una práctica reflexiva, ética y colaborativa que busca la mejora continua. De ahí surgió la necesidad de que el docente fuera no solo un experto disciplinar, sino un profesional evaluador, capaz de observar, retroalimentar y acompañar.

En esta línea, Sánchez Mendiola amplía la propuesta al introducir el modelo de la evaluación delpara y cómo aprendizaje, que traslada las ideas de Escudero al contexto contemporáneo de la educación superior. Del aprendizaje intenta certificar logros y acredita resultados; para el aprendizaje orienta la enseñanza y proporciona retroalimentación y cómo aprendizaje impulsa la autorregulación y la reflexión del estudiante. En conjunto, estos tres enfoques colocan al estudiante en el centro del proceso, promoviendo una cultura de aprendizaje continuo más que de rendición de cuentas.

Además, el autor propone que las estrategias e instrumentos deben alinearse con resultados de aprendizaje observables y medibles, sugiere reemplazar exámenes memorísticos por tareas que simulen contextos reales. Además, considera que la IA y la analítica de aprendizaje pueden fortalecer la retroalimentación si se usan con propósito formativo. 

El poder de la retroalimentación y la interacción

Por otra parte, los autores John Hattie y Helen Timperley realizaron un metaanálisis de más de 500 estudios y 7000 efectos sobre variables que influyen en el aprendizaje. En su síntesis, hallaron que la retroalimentación es uno de los factores más poderosos para mejorar el rendimiento académico, con un tamaño del efecto promedio de 0.79. Esto significa que una retroalimentación bien diseñada puede tener casi el doble de impacto que la enseñanza promedio (0.40). No obstante, advirtieron que no toda retroalimentación genera mejora: su efectividad depende de su naturaleza, su oportunidad y su orientación hacia el aprendizaje.

Los autores proponen un modelo de tres niveles de retroalimentación que orienta su efectividad:

  1. Nivel de tarea: se centra en la corrección de errores específicos o la calidad del producto final.
  2. Nivel de proceso: orienta al estudiante sobre cómo mejorar su comprensión o estrategia.
  3. Nivel de autorregulación: promueve la autonomía, la metacognición y la autoevaluación.

Su investigación muestra que los dos últimos niveles son los más poderosos, porque fomentan la reflexión y transferencia del aprendizaje, en lugar de simples correcciones superficiales.

Además, en su investigación, Hattie y Timperley enfatizan que la retroalimentación responde a tres preguntas clave:

  • ¿Hacia dónde voy? (Feed up): clarifica metas y criterios.
  • ¿Cómo me va? (Feedback): ofrece información sobre el progreso actual.
  • ¿Qué sigue? (Feed forward): orienta los pasos siguientes para mejorar.

Este ciclo habla del pasado (feed up), presente (feedback) y futuro (feed forward) del aprendizaje y convierte la evaluación en un proceso continuo de orientación y crecimiento.

A esta perspectiva cognitiva se suma la mirada sociocultural de Esterhazy y Damşa (2017), quienes replantean el feedback como una práctica de construcción conjunta de significado, no como un mensaje unidireccional. A través de su investigación con estudiantes universitarios, muestran que el valor de la retroalimentación surge en la interacción: cuando el estudiante dialoga con los comentarios, los interpreta con sus pares o docentes y los incorpora en su trabajo futuro.

Desde esta visión, la retroalimentación no es un evento aislado, sino una trayectoria de aprendizaje, lo que ellos llaman meaning-making trajectory, donde se negocian interpretaciones, emociones y expectativas. 

El aprendizaje ocurre precisamente en ese espacio intersubjetivo, donde el error deja de verse como fracaso y se transforma en oportunidad de desarrollo.

Para Esterhazy y Damşa retroalimentar no es corregir, sino acompañar. El docente actúa como mediador entre la evidencia del desempeño y las posibilidades de mejora, guiando al estudiante a construir su propio conocimiento. La evaluación deja de ser un acto de calificación para convertirse en diálogo, reflexión y coautoría del aprendizaje.

Alfabetización evaluativa

Actualmente, ya no basta con saber aplicar instrumentos o registrar calificaciones; se trata de comprender el sentido pedagógico, ético y formativo de evaluar. Para transformar la evaluación en un proceso de aprendizaje, se requiere que las y los docentes desarrollen una nueva competencia profesional: la alfabetización evaluativa (assessment literacy).

Pastore y Andrade (2019) describen la alfabetización evaluativa como la integración de conocimientos, habilidades y disposiciones éticas que permiten a los docentes usar la evaluación de manera justa, válida y orientada a la mejora.

Su modelo tridimensional plantea aspectos interdependientes: la cognitiva o de conocimiento, la de práctica o de aplicación y la de ética o de valores. La primera implica entender los fundamentos teóricos, metodológicos y psicométricos de la evaluación. Esto incluye diseñar instrumentos alineados con los objetivos de aprendizaje, reconocer los diferentes tipos de evidencias y seleccionar técnicas apropiadas para cada contexto.

La parte de la práctica o de aplicación se refiere a la capacidad de usar la evaluación como herramienta pedagógica, no solo administrativa. Un docente con alfabetización evaluativa interpreta los resultados, adapta su enseñanza y retroalimenta de manera continua. La evaluación se convierte en un proceso de aprendizaje bidireccional, donde el profesor también aprende de sus estudiantes.

Por último, está la dimensión ética o de valores, la cual es la más profunda y frecuentemente la menos visibilizada. Aquí, evaluar con responsabilidad implica reconocer el poder que tiene para afectar trayectorias, emociones y percepciones de competencia. La ética evaluativa se traduce en transparencia, inclusión y sensibilidad al contexto. El docente debe preguntarse: ¿para qué evalúo y a quién beneficia mi evaluación? Esta duda es tan importante como decidir qué instrumento usar.

Estas dimensiones buscan transformar la visión técnica del docente como aplicador de pruebas y lo redefine como agente reflexivo que diseña, interpreta y actúa sobre la información evaluativa. En palabras de Pastore y Andrade (2019), la alfabetización evaluativa es un “saber situado”: cambia según el contexto cultural e institucional, por lo que debe construirse colectivamente dentro de las comunidades académicas.

Evaluar el pensamiento, no solo el resultado

Katherine Gallardo (2009) amplía esta concepción de Pastore y Andrade al vincularla con la Nueva Taxonomía de Marzano y Kendall, una teoría del pensamiento humano que supera la jerarquía estática de Bloom. En lugar de ordenar los procesos por dificultad, Marzano y Kendall distinguen tres sistemas mentales que intervienen en el aprendizaje:

  1. Sistema cognitivo: encargado de procesar información y resolver tareas a través de distintos niveles de procesamiento: recuperación, comprensión, análisis y utilización del conocimiento.
  2. Sistema metacognitivo: establece metas, monitorea el progreso y regula las estrategias cognitivas.
  3. Sistema interno o self: conecta la motivación, las creencias y las emociones que impulsan o inhiben el aprendizaje.

Evaluar desde este marco implica observar cómo el estudiante piensa, se autorregula y se involucra emocionalmente con su aprendizaje. Así, la evaluación no se limita al producto final, sino que analiza los procesos que lo hicieron posible. Por ejemplo, una rúbrica bien diseñada puede valorar no sólo la exactitud de una respuesta, sino también la claridad de la estrategia utilizada o la persistencia ante la dificultad.

Gallardo (2009) propone que los docentes articulen la evaluación con los tres sistemas: cognitivo, para medir comprensión y desempeño, metacognitivo, para fomentar la reflexión sobre el propio aprendizaje interno o afectivo, para fortalecer la motivación y el sentido de logro. De este modo, la evaluación se convierte en una práctica integral y humanista, que atiende al quécómo y por qué del aprendizaje. 

Cuando un docente domina la alfabetización evaluativa y aplica la Nueva Taxonomía, su retroalimentación deja de centrarse en la corrección del error y se transforma en acompañamiento consciente del desarrollo del pensamiento.

Inteligencia artificial y aprendizaje adaptativo

La inteligencia artificial (IA) aplicada a la educación representa una oportunidad sin precedentes para personalizar la enseñanza y la evaluación. Su potencial radica en la capacidad de analizar grandes volúmenes de datos en tiempo real, ya sean resultados, interacciones, tiempos de respuesta o patrones de error, para ajustar la instrucción al perfil de cada estudiante.

Modelos como el Personalised Adaptive Learning and Assessment System (PALAS), desarrollado por Palanisamy, Thilarajah y Chen, ilustran esta revolución pedagógica. Este modelo integra algoritmos capaces de diagnosticar conocimientos previos y brechas de comprensión, generar secuencias de aprendizaje personalizadas, ofrecer retroalimentación inmediata y contextualizada, y actualizar las rutas de aprendizaje con base en el progreso individual.

En lugar de seguir un currículo lineal y homogéneo, el estudiante transita por “caminos de aprendizaje personalizados”, donde cada actividad, pregunta o evaluación se ajusta dinámicamente a su desempeño. Esto convierte la evaluación en un proceso continuo de medición y retroalimentación automatizada, no en un evento final, permitiendo detectar dificultades antes de que se consoliden y ofrecer intervenciones más tempranas.

Más allá de la eficiencia técnica, el verdadero valor de estos sistemas reside en su potencial de equidad. El PALAS, por ejemplo, fue diseñado en el marco de la estrategia nacional de IA de Singapur para reducir la brecha educativa asociada al origen socioeconómico o a las necesidades especiales.

Al ofrecer apoyos personalizados, los estudiantes que avanzan más lento reciben refuerzo inmediato, mientras que quienes progresan más rápido pueden acceder a desafíos adicionales. Esto transforma el ideal de la “educación inclusiva” en una práctica concreta basada en datos.

Como señala el artículo The Ethics of Learning Analytics in Australian Higher Education, la analítica de aprendizaje requiere principios de gobernanza claros que regulen la recopilación, almacenamiento y uso de la información estudiantil, garantizando transparencia, consentimiento informado y responsabilidad institucional. 

Aunque la inteligencia artificial y la analítica del aprendizaje son herramientas poderosas, el verdadero desafío no está en cómo funcionan los algoritmos, sino en cómo las personas los usan y con qué propósito educativo.

Es cierto que la IA puede fortalecer la evaluación formativa si se usa para retroalimentar, no para vigilar. Puede promover la equidad si los algoritmos se diseñan para detectar y corregir sesgos, no para reproducirlos, además de liberar tiempo docente si las instituciones priorizan el acompañamiento pedagógico sobre la simple generación de métricas.

La educación inteligente no consiste en delegar el juicio al algoritmo, sino en usar los datos para tomar decisiones más justas, sensibles y contextualizadas. En este sentido, la IA no sustituye al docente: amplifica su mirada.

Esto sucede cuando se combina con marcos de alfabetización evaluativa, la analítica del aprendizaje y los sistemas adaptativos se convierten en herramientas poderosas para enseñar, retroalimentar y aprender con empatía, evidencia y propósito.

Ética y humanismo en la era de la analítica del aprendizaje

El informe The Ethics of Learning Analytics in Australian Higher Education advierte que, si bien los datos ofrecen información valiosa para personalizar la enseñanza, también pueden generar riesgos de vigilancia, discriminación algorítmica o pérdida de autonomía estudiantil cuando se utilizan sin marcos claros de gobernanza.

La pregunta ética fundamental no es si debemos usar los datos, sino cómo y para qué los usamos. Una analítica orientada al control deteriora la confianza y convierte la educación en un sistema de monitoreo; en cambio, una analítica orientada al acompañamiento potencia la reflexión, la mejora y la inclusión.

Las universidades tienen la responsabilidad de establecer políticas institucionales de gobernanza de datos educativos que incluyan: delimitación clara de responsabilidades entre docentes, diseñadores y analistas; procesos de auditoría periódica de los algoritmos; comités de revisión ética interdisciplinarios y mecanismos de participación estudiantil en la toma de decisiones sobre el uso de su información.

Asimismo, los algoritmos deben ser explicables e interpretables, de modo que los usuarios comprendan cómo se generan las recomendaciones o predicciones. La analítica no puede sustituir el juicio docente, porque la comprensión del contexto, las emociones y las intenciones del aprendizaje siguen siendo insustituiblemente humanas.

La ética de la evaluación digital se resume en una pregunta crucial: ¿al servicio de quién está la tecnología educativa? Si la respuesta es “al servicio del aprendizaje”, entonces la IA puede convertirse en un aliado poderoso para fortalecer la justicia, la inclusión y la personalización.

El desafío consiste en diseñar un ecosistema donde los datos informan, pero no dominen; donde la tecnología asista, pero no controle, y donde cada decisión educativa siga guiada por la empatía, la confianza y el compromiso formativo.

Hacia una evaluación auténtica y transformadora

En su propuesta más reciente, Sánchez Mendiola (2022) define la evaluación auténtica como aquella que reproduce los desafíos del mundo real y exige al estudiante que transfiera sus conocimientos a situaciones complejas, interdisciplinarias y con sentido social. Para el autor, el propósito es que la evaluación deje de ser un filtro para convertirse en una experiencia de aprendizaje en sí misma.

A diferencia de las pruebas estandarizadas, centradas en la memorización o el resultado inmediato, la evaluación auténtica valora el proceso, el razonamiento y la aplicación contextual del conocimiento. Para ello, se recomienda emplear estrategias como proyectos integradores, estudios de caso, simulaciones clínicas o empresariales, portafolios digitales y retos de innovación. Utilizar este tipo de metodologías fomenta habilidades como el pensamiento crítico, colaboración, comunicación, autorregulación y creatividad, que constituyen el núcleo de las competencias del siglo XXI.

La inteligencia artificial puede potenciar esta forma de evaluación si se usa con sentido pedagógico. Por ejemplo, las herramientas adaptativas permiten analizar patrones de desempeño y ofrecer retroalimentación inmediata; las plataformas de learning analytics ayudan a visualizar el progreso individual y colectivo, mientras que los entornos de simulación digital posibilitan experiencias auténticas en contextos seguros.

Sin embargo, el verdadero poder transformador no radica en la tecnología, sino en cómo se diseñan las experiencias y cómo se interpretan los datos. 

Una evaluación auténtica requiere alineación entre objetivos curriculares, tareas de aprendizaje y criterios de desempeño, así como un compromiso ético del docente para acompañar los procesos con retroalimentación significativa.

Más que medir resultados, busca comprender el aprendizaje como fenómeno integral, que incluye la emoción, la motivación y el sentido de logro. La evaluación del siglo XXI se aleja del paradigma de la medición y se orienta hacia el acompañamiento, la personalización y la reflexión ética.

Su propósito no es clasificar, sino comprender y potenciar el desarrollo humano. Integrar inteligencia artificial, analítica de aprendizaje y marcos cognitivos como la Nueva Taxonomía no implica deshumanizar la educación, sino reafirmar su esencia: enseñar con empatía y evaluar con propósito.

Atento a sus comentarios... 
--

 


 



--

Jaime Pérez Posada 

Asesoría , Formación y Consultoría en Mercadeo y temas afines. 

Formación incluyente para el Retail

Móvil: 313 721 8036

Siganme en Twitter como : @jaime_pepo

Medellín, Colombia

miércoles, 22 de octubre de 2025

Miércoles del Retail y La Carta que Comfama público tras la polémica por la feria “Brujería”

 Cordial saludo

Bienvenidos al Miércoles del Retail y La Carta que Comfama público tras la polémica por la feria “Brujería”

Siganme en X como : @jaime_pepo

Jerónimo Martins apuesta todo por Latinoamérica: la revolución logística y comercial de Tiendas Ara.




Este artículo fue elaborado por el equipo de Food Retail Italia, representante oficial de las ferias internacionales Cibus y TuttoFood Milán en América Latina

.

Tiendas ARA es otro ejemplo de cómo en Colombia el formato discount está consolidando su liderazgo, poniendo en dificultad a los grandes formatos tradicionales.

La proximidad se ha convertido en el concepto de partida para todos los retailers comprometidos con este ámbito de mercado. El caso de Tiendas Ara es sintomático.

El grupo portugués ha realizado importantes inversiones en Colombia que, durante los primeros años, tuvieron dificultades para despegar. En Europa sabemos que este es un proceso absolutamente normal: cuando una multinacional del mass market retail entra en un nuevo mercado, paga el precio del desconocimiento del territorio —en su sentido más amplio— que incluye no solo al consumidor, sino también a la competencia local.

La fórmula híbrida con la que Ara intentó abrirse mercado —una amplia presencia de marca privada en un contexto aún dominado por marcas industriales— no facilitó el arranque, y fue el propio consumidor colombiano quien orientó el formato hacia su vía más rentable.

Los años anteriores, marcados por una fuerte inflación y por un evidente “trading down” en el comportamiento del consumidor, acentuaron el desplazamiento hacia la marca privada.

El resultado de 2024 ha sido claramente positivo.


En este artículo analizamos el estado actual de Tiendas Ara, pero sobre todo la evolución del Grupo Jerónimo Martins, que opera en varios países con resultados dispares. A continuación, la verdad detrás de los números del grupo a nivel mundial y, en particular, en Colombia.



El ejercicio 2024 de Jerónimo Martins se cerró con una evolución positiva pese a la desaceleración europea.

Las ventas consolidadas alcanzaron los 33.464 millones de euros, un +9,3% respecto a 2023, mientras que el EBITDA ascendió a 2.232 millones (+2,9%), con un margen operativo del 6,7% (frente al 7,1% del año anterior).

El beneficio neto fue de 599 millones de euros, afectado por la dotación extraordinaria de 40 millones a la nueva Fundación Jerónimo Martins.

La expansión internacional del grupo continúa sustentada en tres ejes: liderazgo en Polonia, solidez en Portugal y crecimiento acelerado en Latinoamérica, donde Ara se ha convertido en el principal motor de rentabilidad incremental.

Colombia: Ara vuelve a generar beneficios y acelera su expansión

En un contexto macroeconómico todavía complejo —PIB +1,7%, inflación promedio del 6,6%, desempleo del 10,2%— Ara consiguió incrementar sus ventas un 11,1% en pesos colombianos y un 17% en euros durante 2024, alcanzando los 2.850 millones de euros.

El EBITDA se duplicó (+113%), con un margen del 3,4% frente al 1,9% del año anterior, marcando el regreso a la rentabilidad operativa sobre una base pre-IFRS16.

El crecimiento se apoyó en una estrategia clara: fortalecer el posicionamiento precio y ampliar la penetración de la marca propia como respuesta al deterioro del poder adquisitivo de los hogares.

Durante 2024, la compañía abrió 150 nuevas tiendas (148 netas) y superó los 1.438 puntos de venta, además de poner en marcha un nuevo centro de distribución, mientras avanzaba la construcción de otras plataformas logísticas para 2025.

En 2025, Tiendas Ara mantuvo una estrategia de expansión acelerada en Colombia, impulsada por la finalización y apertura de nuevos centros logísticos clave que optimizaron su capacidad operativa y el abastecimiento nacional.

Solo en el primer semestre del año, la cadena incorporó 96 nuevos puntos de venta, incluyendo 58 locales provenientes de la integración de los supermercados Colsubsidio, lo que permitió superar las 1.530 tiendas a mitad de año.

El ritmo de aperturas se ha mantenido elevado durante todo el ejercicio, con previsiones de cerrar 2025 por encima de las 1.600 tiendas, marcando un récord histórico de crecimiento para el formato discount en el país.
Esta evolución confirma que Ara se ha consolidado como el operador de mayor expansión orgánica del retail colombiano, respaldado por una infraestructura logística moderna y una propuesta comercial de alta eficiencia.

Capacidad logística y expansión: la nueva columna vertebral de Ara

La fortaleza de Tiendas Ara en esta nueva etapa se apoya en una red logística completamente transformada, diseñada para acompañar el crecimiento de su red comercial y garantizar una cobertura nacional eficiente.
El centro logístico de Palmira (Valle del Cauca), inaugurado en mayo de 2024 y plenamente operativo en 2025, se ha convertido en el punto neurálgico de distribución del suroccidente colombiano. Con capacidad para abastecer hasta 200 tiendas, integra áreas de frío y seco, 21.000 metros cuadrados de superficie construida y más de 1.400 paneles solares que lo convierten en una instalación de referencia en sostenibilidad.

En paralelo, el centro de Cota (Cundinamarca) finalizó su construcción en el primer semestre de 2025. Ubicado estratégicamente para servir a Bogotá y la región centro, fue concebido para abastecer más de 250 tiendas, reduciendo significativamente los tiempos de entrega y optimizando los costos logísticos. Esta instalación representa una inversión superior a los 300 mil millones de pesos colombianos, consolidando a Ara como una de las cadenas más avanzadas del país en infraestructura de distribución.

Más al norte, el centro logístico de Girardota (Antioquia) avanza hacia su etapa final de implementación y se espera que entre en operación hacia finales de 2025. Su función será clave para soportar la expansión en Antioquia, la Costa Atlántica y el occidente del país, con una capacidad proyectada para atender entre 180 y 200 tiendas.

Estos tres pilares —Palmira, Cota y Girardota— permitirán a Ara alcanzar una cobertura logística integral en todo el territorio colombiano. Además de garantizar la reposición eficiente y la disponibilidad de productos frescos, congelados y de marca propia, la nueva red permitirá a la compañía soportar picos de demanda regional y mejorar los niveles de servicio en los puntos de venta.

Gracias a esta infraestructura, Ara estima poder incrementar sus ventas anuales entre 400.000 y 600.000 millones de pesos adicionales, consolidando su posición de liderazgo en el discount nacional.

Conclusión

Los resultados de 2024 y el primer semestre de 2025 confirman que Jerónimo Martins ha alcanzado una madurez operativa que le permite sostener el crecimiento incluso en escenarios divergentes.

La Colombia de Ara se ha convertido en la nueva frontera estratégica del grupo, combinando impacto social, eficiencia logística y expansión sostenible.
Con una red de distribución moderna y un modelo de negocio adaptable, Ara está preparada para liderar la próxima fase del retail de descuento en Latinoamérica, impulsando el futuro del grupo portugués desde el corazón de América.

Tiendas D1, Éxito y Ara dominan el retail colombiano: así quedó el ranking de supermercados 2025

Basado en la eficiencia operativa y la reducción de intermediarios, el modelo de Tiendas D1 transformó el comercio minorista y marcó un cambio definitivo en los hábitos de compra de los colombianos.


Foto: Redes sociales

El panorama del comercio minorista en Colombia evidencia una clara transformación en los hábitos de consumo y en las estrategias de negocio del sector. De acuerdo con un reciente informe de La Nota Económica, Tiendas D1 encabeza el ranking de supermercados con mayores ingresos en el país, con ventas que alcanzaron los $19,4 billones de pesos, consolidando su dominio en un mercado cada vez más competitivo.

Supermercados en Colombia: D1, Éxito y Ara concentran el nuevo mapa del comercio minorista

El formato de descuento duro, impulsado por D1, ha logrado captar a millones de consumidores gracias a su promesa de precios bajos, simplicidad operativa y cobertura nacional. Su modelo, enfocado en la eficiencia logística y la reducción de intermediarios, le ha permitido desplazar a competidores históricos y convertirse en un referente de transformación dentro del retail colombiano.

En el segundo lugar se ubica el Grupo Éxito, con ingresos por $16 billones de pesos, una cifra que refleja su sólida presencia en el país, aunque también evidencia los desafíos que enfrenta frente a la expansión de los formatos de bajo costo. A pesar de la presión competitiva, Éxito mantiene su fortaleza en las grandes superficies y en la diversificación de servicios, incluyendo sus apuestas digitales y su estrategia de proximidad.

El tercer puesto lo ocupa Ara, de la portuguesa Jerónimo Martins, que reportó ingresos por $13,7 billones de pesos. Su crecimiento acelerado, especialmente en ciudades intermedias, ha sido impulsado por una estrategia similar a la de D1, pero con un enfoque más regional y con una oferta de productos que busca equilibrar precio y calidad. El éxito de Ara confirma la consolidación de los formatos de conveniencia y bajo costo como protagonistas del nuevo consumo masivo colombiano.

En la cuarta posición aparece Alkosto, con $11,3 billones de pesos, que sigue destacando por su modelo híbrido entre supermercado y tienda de tecnología. Su enfoque en electrodomésticos y productos de alto valor le ha permitido sostenerse en un segmento distinto al de las tiendas de descuento.



Olímpica, con $7 billones de pesos, ocupa el quinto lugar, consolidando su fortaleza en la región Caribe y su expansión en otras zonas del país. El grupo barranquillero ha logrado mantener una presencia relevante gracias a su cercanía con el consumidor y su diversificación en categorías como droguerías y tiendas de conveniencia.

Más abajo en el listado aparecen Cencosud (Jumbo y Metro) con $4,2 billones, PriceSmart con $2,3 billones, Makro con $1,7 billones, SupertIendas Cañaveral con $1,1 billones, y Oxxo con $1 billón de pesos, cerrando el top 10. 

Estas empresas representan distintos modelos de negocio, desde clubes de membresía hasta formatos de autoservicio rápido, que buscan adaptarse a las nuevas exigencias del consumidor colombiano.

En conjunto, los datos revelan que el sector supermercadista está experimentando una transición hacia formatos más ágiles, de precios bajos y alta frecuencia de compra, impulsados por los cambios económicos y las nuevas dinámicas de consumo tras la pandemia. 

La consolidación de D1, Ara y Éxito muestra cómo la competencia se ha desplazado hacia la eficiencia operativa, la expansión territorial y la fidelización del cliente mediante la conveniencia y el ahorro.

La carta que Comfama publicó tras la polémica por la feria “Brujería”

En el documento, el director de la caja de compensación, David Escobar Arango, ofreció disculpas por el uso de términos que generaron malentendidos y cuestionamientos.

Medellín fue sede, los días 17 y 18 de octubre, de Brujería, la feria cultural organizada por Comfama en el Claustro San Ignacio. El evento conmemoró los 50 años del Primer Congreso Mundial de Brujería, realizado en Bogotá en 1975, y propuso una mirada contemporánea sobre los imaginarios sociales vinculados a prácticas espirituales, memoria y conocimientos ancestrales.

No obstante, antes, durante y después de su realización, la iniciativa enfrentó duras críticas por parte de la ciudadanía, incluyendo sectores religiosos y políticos.

Hoy, 21 de octubre, Comfama respondió a la controversia generada luego del evento mediante una carta oficial enviada por su director, David Escobar Arango. En el documento, la entidad ofreció disculpas por la utilización de términos como “brujería”, “brujas” y “amuletos”, los cuales, según la institución, no fueron comprendidos de la misma manera por todos los sectores del público y generaron polémica en medios de comunicación y redes sociales.

El director explicó que la intención del encuentro fue estrictamente cultural y educativa, y que el enfoque estuvo en la diversidad, la historia, la espiritualidad y la ancestralidad. Según el comunicado, la programación incluyó presentaciones musicales del Pacífico colombiano, cantautores y el coro polifónico de Medellín interpretando música sacra, además de conferencias sobre la cocina como ritual familiar y comunitario, las prácticas espirituales de comunidades afrocolombianas e indígenas y el papel de las mujeres en sociedades tradicionales.

Escobar Arango señaló también que la denominación del evento podría haberse presentado de manera distinta, por ejemplo como “Espiritualidad, naturaleza y ancestralidad”. Sin embargo, la carta sostiene que el encuentro no tuvo relación alguna con prácticas dañinas o de maldad, y que el espacio fue una feria cultural abierta al público, con actividades artísticas, conversaciones y talleres.

El director también hizo un llamado a la reflexión sobre la importancia de la cultura para construir confianza ciudadana y fortalecer la democracia: Colombia, por su diversidad natural y cultural, requiere de espacios educativos y culturales amplios e incluyentes, que permitan reconocer al otro, comprender diferentes perspectivas y fortalecer la cohesión social. Según la institución, proyectos como este contribuyen a que los ciudadanos aprendan sobre su identidad, su historia y la de los demás.

El director agradeció tanto a quienes criticaron el evento como a los aliados y colegas que apoyaron su realización. Subrayó que las críticas permiten aprender y mejorar la forma en que se comunican y gestionan los proyectos culturales, y la importancia de elegir cuidadosamente el lenguaje para evitar malentendidos.

Fuentehttps://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/la-carta-que-comfama-publico-tras-la-polemica-por-la-feria-brujeria-noticias-hoy/?utm_source=onesignal&utm_medium=push&utm_campaign=inmediate_arc_el-magazin-cultural&utm_content=todos

Las ventas... NO es vender humo. 





Atento a sus comentarios... 

--

Jaime Pérez Posada 

Asesoría , Formación y Consultoría en Mercadeo y temas afines. 

Formación incluyente para el Retail

Móvil: 313 721 8036

Siganme en Twitter como : @jaime_pepo

Medellín, Colombia